La carrera de los desposeídos

Sega, ese monstruo en constante mutación, tiene claro que, sea lo que sea, no quiere dejar de ser una Nintendo de segunda. Habida cuenta de que en sus momentos felices creó más de uno y más de dos iconos gamer, la eterna segundona le copia la jugada a la gran N de sus marioxplotations y sus allstars. Por el camino olvida, o hace ver que olvida, que en Nintendo (casi) siempre está el juego antes que el personaje, que bajo la miríada de caras reconocibles de los crossovers Smash Bros. hay una base solidísima.

Repaso histórico rápido: reinado de la PlayStation2, inicios de la Era Casual (¡antes de la llegada de Wii!). El EyeToy llama la atención de los curiosos con sus cucamonas y sus aspavientos. Sega cortapega sus personajes más reconocibles dentro de una inane colección de minijuegos para la cámara y lanza algo llamado Sega Superstars: vacío, pero inofensivo. Sonreímos tímidamente ante el reencuentro.

Avancemos. Sega, viendo lo fructífero que resultó Mario Power Tennis, convoca a los de antes y los mete en su Virtua Tennis a presión: nace Sega Superstar Tennis. Flojote y mal vestido: donde Nintendo imprime sus mundos hasta el más mínimo detalle, Sega se conforma con arrojar títulos sobre la superfície. El re-reencuentro nos molesta.

La actualidad: los protojuegos de Mario y Sonic en las olimpiadas funcionan, Mario Kart Wii funciona y Sega quiere el suyo. Indecisa, no sabe si usar el elenco de la saga Sonic o tirar de superstars; al final sale por el medio. Ya tenemos otro palimpsesto, un kart racing entretenido, más medido que el de tenis y con mejor uso de las licencias: un alivio para los que recordamos aquel horror llamado Sonic R.

Pero, principalmente, Sonic & Sega Superstars Racing es un desfile de personajes olvidados, de franquícias que esperan en la sombra, de secuelas que los fans piden a gritos. ¿Para qué currarnos un Shenmue 3 si podemos poner a Ryo Hazuki a correr en moto contra Alex Kidd por mucho menos dinero?

La lista de los damnificados de Sega merece que la recorramos uno por uno. Va a doler.

· Sonic, el erizo insignia, el otrora co-icono del mundo del píxel. No tiene un hitazo desde aquel Sonic Adventure de Dreamcast (1998): desde entonces ha caído sin parar hasta convertirse en un chiste.

· Shadow, ejemplo de superpoblación de secundarios en la saga Sonic, rival del protagonista y su versión extreme. Protagonizó Shadow the Hedgehog, o Sonic con pistolas: uno de los peores juegos de PlayStation2.

· Eggman, Tails, Knucles, Amy y, especialmente, Big the Cat. Más secundarios de la saga del erizo. El gato lila sólo había aparecido en Sonic Adventure, encargándose de absurdas fases de ¡pesca! Nadie había pedido que volviera.

· AiAi, el mono de los Super Monkey Ball. Lo que comenzó como un gran juego arcade para GameCube es ahora otra saga sobreexplotada en Wii y otra víctima de sus impuestos controles por detección de movimiento. El último, Step & Roll, pensado para mando y wiibalance, es injugable.

· Amigo (otro mono),de Samba de Amigo. Nos volvimos locos con las maracas en DreamCast. Su regreso en Wii, muchos años después, fue tan doloroso que el juego ha desaparecido de nuestra memoria.

· Billy Hatcher, del juego homónimo para GameCube de 2003. Un curioso plataformas tresdé con un concepto que iba de lo innovador a lo irritante. La música de la intro es un temazo pero… ¿realmente es un superstar?

· Beat, el graffitero cool de Jet Set Radio. La primera entrega (también para DreamCast) fue tremenda. Hubo una secuela para Xbox en 2002. Merece un regreso, aunque visto lo visto…

· Ulala, de Space Channel 5, otro juegazo de ¿adivinan? DreamCast. Ya hace ocho años desde que la vimos marcarse uno de sus fabulosos y barbarellianos bailes.

· B. D. Joe, de Crazy Taxi, pura gloria arcade para, una vez más, DreamCast. Hubo secuelas, no ofensivas pero sí sin gas.

· Zobio y Zubiko, ¡atención! Dos zombis cartoonianos salidos de un hortera spin-off de minijuegos de la saga de tiros House of the Dead. Una saga bien digna: cuatro juegos numerados en total (más que disfrutables) más otro grindhousiano para Wii llamado Overkill. Exprimí a fondo su segunda entrega y lo pasé genial con el despiporre de Overkill, pero no tengo el más mínimo interés en House of the Dead EX, el de minijuegos. La inclusión de estos dos zombies es inexplicable.

· Ryo Hazuki, o cómo meter el dedo en la llaga. El primer Shenmue fue grande (aunque pelín aburrido), adelantando muchos conceptos modernos. La joya de DreamCast. La secuela se paseó por DreamCast y Xbox y luego su anunciada tercera parte, cierre de la trilogía, desapareció. Los rumores de su regreso resurgen cada año. Hasta se habló de un Shenmue Online; todo, menos el ansiadísimo Shenmue 3.

· Jack y Akira, de Virtua Fighter. Dos luchadores en un deportivo, celebran sus victorias dando volteretas. Al menos la saga (el último fue Virtua Fighter 5, no hace mucho) sigue siendo respetada.

· Robo y Mobo, los dos tapones de Bonanza Bros. Estrellas retro, geniales recuerdos de un juego de MegaDrive que me enamoraba y frustraba a partes iguales. Me mola que salgan.

· Los cuatro ratones de ChuChuRocket, ese brillantísimo ¿puzzle? ¿action puzzle? ¿estrategia? para DreamCast. Sega nos lo envió gratis para promocionar su online (¡hace 10 años!), y enseguida reconocí en él al sustituto de Bomberman. No ha vuelto, y sería un juego descargable ideal.

· Opa-Opa, la monísima nave de los Fantasy Zone, estupendos shooter que en Sega tienen, por supuesto, totalmente olvidados.

· Alex Kidd, ídolo de mi buen amigo Raúl y mascota que nunca fue. El Miracle World sigue siendo tremendo y de vez en cuando me da por reivindicar Shinobi World. Relegado a un cuarto o quinto plano, volvió para el de tenis con un modelado vergonzante. Al menos esta vez lo han diseñado mejor.

· Banjo y Kazooie, invitados de otra marca por aquello de seguir a Nintendo, que ya invitó a Sonic y a Snake en Smash Bros Brawl. No son de Sega, pero sí comparten un rasgo propio: tras muchos años de espera, regresaron con un juego (Baches y cachivaches) decepcionante y olvidable.

· Nights, del juego homónimo de Saturn, probablemente el mejor título del catálogo de esta fallida consola. No es jugable, pero mejor: todos queríamos que regresase esta obra maestra, y lo hizo, en Wii, no hace mucho. No me hagan hablar de esa secuela, por favor.

· Para redondear el paquete, alguien decidió incluir los odiosos Miis en la versión Wii y los no menos odiosos Avatares en la de 360. Gracias.

Sólo guardo una esperanza al recorrer esta lista: que Sega se dedique a crear, uno por uno, nuevos juegos de estas franquícias, y que estén al nivel de las obras que los lanzaron a la fama.

Bah, sabemos que eso no va a pasar. Que entre Sega Superstars Party.

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~ by V the Wanderer on March 7, 2010.

2 Responses to “La carrera de los desposeídos”

  1. ¡Cómo echo de menos el Space Channel Five, tú! Up, chiu, up, chiu…

  2. [...] por primera vez en Videoshock.es el 30 de marzo de 2011. Ya en su momento era una actualización de un texto publicado un año antes en un blog primero, Pixel&Drama. Desde entonces, Sega ha sacado un muy digno ‘Sonic Generations’, han aparecido nuevos [...]

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